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“El 26 de febrero de 1990, “alguien” allá arriba, me envió un Ángel al que yo llamé hijo durante 14 años. 

El 22 de mayo de 2004 “alguien” aquí en la tierra, se encargó de enviar a mi hijo de regreso al cielo. 

Y ese, fue un conductor ebrio.” 

La historia que aquí voy a contar es verídica, se trata de mi hijo Jaime Francisco Orozco Alcaraz. Tuve a mi hijo en febrero 26 de 1990, y era hermoso. Cuando Jaime tenía 10 años, me casé por segunda vez en Tucson, Arizona, USA; y nos fuimos a vivir a esa ciudad. Jaime era feliz, bromista, alegre, deportista, amoroso, amigable y le encantaban las mascotas. Al término de la primaria le felicitaron por haber aprendido inglés muy rápido y por ser brillante en matemáticas. Y yo, era la mamá más orgullosa y admiradora de mi hijo. 


Jaime ingresa a secundaria y termina con muy buenas calificaciones. Durante ese tiempo en secundaria Jaime perteneció al equipo de béisbol, fútbol americano y básquetbol. Pero su pasión era el fútbol americano. Un día me dijo: “Má, yo sé que por mi sangre corre el béisbol (su papá y abuelo fueron profesionales del béisbol) pero quiero ser quarterback porque el Football es lo que más me gusta” y luego agregó: “Si no la hago ahí, me cambio a béisbol” y nos reímos. Jaime era pitcher zurdo en el equipo y era muy bueno. Indiscutiblemente mi hijo era un buen deportista, buen estudiante, buen amigo y muy buen hijo. Recuerdo un día que fuimos a comprar víveres, él siempre se iba a donde estaba el electrónico mientras yo hacía las compras, ese día recuerdo como si fuera hoy, escuché: Má!! Y volteé al final del pasillo y sale Jaime cruzando el pasillo, como brincando, levantando las piernas hacia el frente hasta medio cuerpo, con una mano puesta en la nuca, con el otro brazo extendido al frente con el balón en la mano para abajo, volteando conmigo y sacando la lengua, recuerdo que me reí tanto al verlo, que cuando viene conmigo nos soltamos riendo y le dije ¿que fue eso? Y me respondió:  Cuando sea profesional, así meteré los touchdowns”. Mi corazón le tomó una fotografía.


Recuerdos imborrables. Jaime me platicó en una ocasión que cuando entrenaba, corría tan fuerte que en ocasiones no sentía las piernas, yo le dije: ¿Estás loco? ¿Por qué haces eso? Y me responde: “Porque quiero ser el mejor y que los coaches (entrenadores) se fijen en mí”. Y después añadió: “¿Sabes má? Yo sé que es en las escuelas es donde comienzas a hacer carrera profesional en el deporte y sé que de las universidades es donde sacan a los profesionistas del deporte, así que por eso, yo me voy a esforzar siempre”. Y así era, se esforzaba mucho cuando quería lograr algo y lo lograba. Por eso, estoy segura de que mi hijo sí hubiera sido un jugador de fútbol profesional.

 

Jaime siempre fue amoroso, cariñoso, siempre abrazándome sin pena que lo vieran los amigos. “Mamá te amo, gracias má, buenas noches má, que sueñes con los angelitos, te amo”. Todos los días eran así; ese era mi Jaime.

26 de febrero de 2004, Jaime cumple 14 años y nace mi segundo hijo al que por nombre le pusimos Jason.

20 de mayo de 2004, Ceremonia de Graduación de secundaria. Jaime estaba tan emocionado y era tan exageradamente puntual, que me levantó muy temprano para encontrar un lugar para estacionarnos, en el camino recordé haber olvidado la cámara (en ese tiempo los celulares no tenían cámara fotográfica), así que le pedí parar en una farmacia para comprar una desechable, pero no quiso, porque no quería llegar tarde.


Era un día muy soleado del mes de mayo y hacía mucho calor, la cancha de fútbol americano tenía más de mil graduados y padres de familia alrededor de ellos, pero encontré a mi hijo no muy lejos de mí. Cuando lo vi, él ya me estaba viendo y recuerdo su cara, estaba muy serio viéndome de lejos. Le hice señas si quería agua y me dijo no con la cabeza levantando una botella que tenía en la mano. Llegó el momento de la ceremonia y comienzan a nombrar a todos, cuando mencionan a Jaime Francisco Orozco Alcaraz yo le grité muy fuerte: ¡Bravo, Jaime! ¡¡Bravo!! Él no me escuchaba, pues el estrado estaba muy lejos, pero yo me conformaba con que todos los que estaban a mí alrededor supieran que él era mi hijo.

Termina la ceremonia, fotos y fotos y yo sin cámara. No tomé ninguna fotografía, solo las que algunos de sus amigos me enviaron después. Me pidió permiso para ir a comer con todos los compañeros y amigos y después iría a casa de José, uno de sus mejores amigos. Más tarde me llama para pedir permiso para quedarse a dormir en casa de José, no era la primera vez, así que le dije que sí.


21 de mayo, 8 am y fui por él para ir a Phoenix Arizona a visitar a mi hermano. José y él me rogaron dejarlo ahí pues tendrían por la tarde una albercada con todos los graduados y graduadas. ¿Recuerdan que les dije que Jaime siempre me abrazaba y besaba sin pena? Bueno en esa ocasión le dije, bueno hijo ya me voy y me quedé parada para despedirme de él, pero no se me acercaba, por unos segundos nos vimos a los ojos hasta que finalmente él vino y me dio un beso y un abrazo, fueron tan rápidos, que yo pensé que por primera vez le había dado pena con su amigo. Ahora sé que, de alguna manera, Jaime no quería despedirse de mí, estoy casi segura de que por unos segundos pensó en venir conmigo. De haber sabido que ese abrazo de mi hijo sería el último, no lo hubiera soltado nunca. Y me fui a Phoenix y lo dejé ahí, en casa de su amigo.

Continuará…

JAIME es una asociación no gubernamental y sin ánimo de lucro, fundada por Claudia Dinorah Alcaraz Sánchez, en honor a su hijo Jaime Francisco Orozco Alcaraz a quien un conductor ebrio le quitó la vida con tan sólo 14 años de edad. JAIME que por siglas significa Jamás Apoyaré Ir Manejando Ebrio, se fundó en Guaymas Sonora en mayo de 2010. Desde entonces trabajamos a nivel estado, país y Latinoamérica, para que ningún joven más muera por culpa de la conducción en estado de ebriedad y para la movilidad y seguridad vial.

JAIME AC., es miembro de la Federación Iberoamericana de Asociaciones de Víctimas de la Violencia Vial –FICVI-, forma parte de la Coalición Movilidad Segura, trabaja en respeto a la Liga Nacional Peatonal, Forma parte de la Red de Víctimas de Los Rescatadores y de Women in Motion.

Nuestro mensaje: Uno que conduce en estado de ebriedad, es mucho. Uno que lleva nuestro mensaje a otras personas, es mucho. Uno que deja de conducir ebrio, es mucho. Uno que vive, es mucho. Uno que muere, es mucho.