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Cuando Emmanuel se hizo independiente le escribí:

“Lo mejor de la vida es la vida misma” Todo tiene fin, pero no todo tiene un buen fin.

El último día que lo vi, le dije: “Sólo cumple con lo que tienes que hacer”

La mañana del 21 de noviembre, parecía un día más, una llamada telefónica cambió de repente el rumbo de nuestras vidas. Nos dan la terrible noticia del atropellamiento de Emmanuel, el temor, el dolor, la incertidumbre nos trastorna por completo, ¿nuestro hijo? ¿Cómo está?, ¿qué tan grave fue el suceso?, ¿cómo ocurrió?

Por fin entre llamadas y tráfico indolente llegamos a una escena de dolor inconmensurable.

Las calles cerradas, los vehículos oficiales con sus torretas encendidas la zona acordonada. Y la bicicleta de Emmanuel tirada a media calle aplastada y junto a ella uno de sus zapatos, la impronta de unas llantas en el adoquín que se interrumpían bruscamente, tres partes de su masa encefálica regadas, un vaso boca abajo tapando algo y más adelante el cuerpo sin vida de MI HIJO cubierto con un paño.

¿Por qué Dios mío?, ¿Cómo ocurrió?, ¿hay un responsable, testigos, imágenes del suceso, videos… ¿Qué hacen las autoridades? Confié que las autoridades hicieran bien su trabajo.

Preguntas que posteriormente tuvieron respuesta, unas a medias otras contundentes, pero muchas, siguen siendo preguntas.

Envueltos en una vorágine de pensamientos con el dolor más intenso que alguien puede sentir, nos agitábamos con la certeza de que no había marcha atrás.

Emmanuel perdió la vida o más bien se la arrancaron… ¿por qué, por qué él?

Llegaron poco a poco amigos, familiares, compañeros de trabajo y amigos de Emmanuel. La presidenta Municipal Claudia Rivera Vivanco, que llegó antes que nosotros, nos ofrece todo el apoyo que necesitemos y nos hace acompañar por Jessica Hernández y Norman Campos.

La llegada de Andrea fue tan dolorosa como ver a Emmanuel inerte en un charco de sangre… ella perdió al compañero de su vida.

¡Luz del Carmen increpa a Alejandra Rubio el acoso laboral que le causó a Emmanuel en sus últimos días y lo gritó a la multitud pidiendo hablar con la prensa!  Yo me movía de un lado para otro y me decía: esto no puede estar sucediendo, pero alcé la mirada al cielo y le dije a Emmanuel “Cumpliste con tu labor, ya no te preocupes más”

Desde ese momento inició una labor que jamás imaginé realizar, de la que no tenía una idea.

Nos llevan a la Fiscalía, nos atienden amablemente dándonos el pésame, e inmediatamente nos indican lo que tenemos que hacer. Lo primero, dicen, es ir al CENEFO a “reconocer el cadáver” Y nos dan a firmar un documento, el cual tiene parte escrito y una sección en blanco, por lo que pregunté, si esa parte la llenábamos y la respuesta fue “no se preocupe, esa parte la llenamos nosotros” (ahí anotaron que nos leyeron nuestros derechos, cosa que jamás ocurrió)

Acudimos al CENEFO en el que nos indicaron que teníamos que esperar a que se realizara la autopsia para después reconocer el cadáver, después de una hora más o menos, preguntamos para saber qué tiempo debíamos esperar y nos dijeron: Son cuatro horas de autopsia y como había 9 antes que él habría que esperar 40 horas. Entonces se pidió ayuda a Claudia para acelerar el proceso y consiguió que se trasladara a un médico legista que se encontraba en Atlixco y con eso se concluyó en la madrugada del día 22. 

Así inició un calvario para nosotros, con una gran oscuridad por parte de la autoridad.

Fuimos a comer algo y descansar un poco pues en la noche se realizaría una rodada en su honor, en ese acto se colgaría una bicicleta blanca en un poste del lugar del suceso.

Un día Emmanuel nos dijo: “creo que nunca les voy a dar el gusto de que cuelguen mi bici”, refiriéndose a los conductores imprudentes y hostiles.

Con gran dolor e incredulidad, participamos en el acto que dio inicio en el Zócalo. La multitud de ciclistas era impresionante, al grito de “Manu Vive, la lucha sigue, Eah Eah, pedalea, pedalea” inició la Rodada por Emmanuel, el recorrido tuvo una escala en la Fiscalía en la que se exigió justicia, continuó hasta donde fueran las oficinas de Movilidad y concluyó en el lugar del siniestro.

Al llegar a la calle 11 norte y 4 Poniente, encontramos una gran cantidad de personas, tal vez que lo conocieron, reporteros, camarógrafos de TV y gente de los alrededores, llegaron amigos y por supuesto, la familia. Al arribar los ciclistas de la rodada, alrededor de 600, se procedió a colocar la bici en lo alto del poste, entre consignas “¡Manu Vive!, la lucha sigue, ¡Eah Eah!, ¡Pedalea!, ¡pedalea!…¡si Manu viviera, en bici anduviera!”

Para mí fue colgar a mi hijo como a un mártir, con dolor inconmensurable.

Comprendí que lo que estaba ocurriendo tenía un fin, había que continuar con la lucha que él llevaba a cabo por Ciudades Más Humanas.

Luz del Carmen Zenteno Gómez y Ramón Vara Pizzini

Familia Vara Zenteno